Burnout Laboral: Carta a Santa del empresario que pagó el alto costo de ser “todólogo” en su negocio

Querido Santa,

Te escribo esta carta con una mano, mientras la otra está conectada a una vía intravenosa. El sonido rítmico del monitor cardíaco es ahora la única música de fondo que escucho, reemplazando el ruido de las aspersoras y el motor de la camioneta de fumigación. Nunca pensé que mi «oficina» terminaría siendo una habitación de hospital, pero aquí estoy, víctima de un burnout laboral que ignoré durante meses.

Verás, Santa, siempre creí en la cultura del esfuerzo máximo. Pensaba que si yo no estaba ahí, en las trincheras, las cosas no saldrían bien. Mi negocio de control de plagas es mi vida, pero hoy me doy cuenta de que casi se convierte en mi muerte.

Empecé este año con la meta de duplicar mis servicios. ¿Mi estrategia? Meterme yo mismo a realizar los servicios de eliminación de termitas y hormigas de sol a sol. Pensé que ahorrándome el sueldo de un técnico operativo y haciendo el trabajo «pesado» yo mismo, la rentabilidad subiría. Pero la realidad fue otra.

Después de ocho horas bajo el sol, cargando equipo pesado y respirando químicos (con todo el equipo de protección, claro, pero el cansancio físico es real), llegaba a casa solo para enfrentarme a la segunda jornada: la administración: Revisar los gastos de mantenimiento de la camioneta que volvió a fallar, calcular la nómina de los tres empleados, pagar a los proveedores de materiales antes de que nos corten el crédito y contestar mensajes de clientes que quieren cotizaciones «para ayer».

Santa, el burnout laboral no llega de golpe; es un veneno lento. Empezó con insomnio, siguió con una irritabilidad que alejó a mi familia, y terminó ayer con un colapso en medio de un servicio de fumigación industrial. Mi cuerpo simplemente dijo «basta».

Estando aquí acostado, tengo mucho tiempo para pensar. Me doy cuenta de que he caído en la trampa más común del dueño de negocio en México: confundir actividad con productividad.

He pasado meses trabajando 14 horas diarias, descuidando mi salud y mi mente, bajo la falsa premisa de que «entre más trabaje, mejores resultados tendré». Pero si miro mis estados financieros, el margen de utilidad no ha crecido proporcionalmente a mi agotamiento. Al contrario, por estar metido en la operación, he perdido oportunidades de ventas grandes, he cometido errores en la facturación y he descuidado la capacitación de mi personal.

El burnout laboral me ha robado la capacidad de ser un estratega. Me convertí en un auto-empleado muy caro y muy cansado, en lugar de ser el director que mi empresa necesita para escalar.

Santa, mi carta hoy no es para pedirte más clientes o una camioneta nueva. Mi petición es que me ayudes a rediseñar mi mentalidad y mi negocio.

Desde la habitación 301, con la promesa de no volver a ser el «todólogo» de mi historia.

Miguel, el dueño que decidió sobrevivir.

Ver respuesta: Carta de Santa al empresario «quemado» por meterse al fuego de la operación

Johnny Echeverria

Consultor comercial

¿Quieres recibir cada semana nuevas Cartas a Santa? ✉️

Regístrate aquí abajo 👇