Dependencia del Fundador: Carta a Santa de un CEO que no puede delegar y está harto

Querido Santa,

Te juro que estoy al borde del colapso. Ya no sé qué hacer con mi vida, y lo peor de todo es que ya no tengo una vida fuera del trabajo. Tengo un equipo, tengo gerentes, se supone que he delegado, pero mi agenda está secuestrada por las preguntas de mi gente… no sé que hacer con esta dependencia del fundador… o sea, yo.

Literalmente, no puedo ir al baño sin que alguien toque a la puerta para preguntar: «¿Qué hago con este cliente?» o «¿Me autorizas esta compra?». ¡Hasta los fines de semana recibo mensajes sobre tareas que deberían resolver ellos!

Santa, me he convertido en el único «cerebro» y el único «aprobador» de mi propio negocio. La empresa no se mueve si yo no doy el visto bueno, y esto me está matando. Estoy agotado de tomar decisiones por los demás. Mi tiempo se consume en microgestión y ya no tengo espacio mental para pensar en la estrategia, en la innovación o, simplemente, en unas vacaciones.

La dependencia del fundador es tan grande que el negocio ya no puede crecer. Mi capacidad de trabajo es el techo de la empresa, y yo ya estoy asfixiado bajo ese techo. Siento que soy el responsable de cada pequeño error y que, si me ausento, todo se paraliza o se viene abajo.

Por favor, dime que hay una forma de romper esta cadena. Necesito urgentemente crear un sistema donde mi equipo pueda avanzar sin mí y donde yo pueda, por fin, dedicarme a dirigir la empresa y no a ser el encargado de la operación diaria.

Con un agotamiento total y la necesidad de tiempo libre,

Ernesto, un empresario que quiere volver a tener vida y romper la dependencia del fundador.

Ver respuesta: Carta de Santa a un CEO que le enseña cómo crear un Comité Operativo

Johnny Echeverria

Consultor comercial

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